Según informan los mass-media acerca de lo que se proyecta, no habrá una sola rememoración nacional de la Revolución de Mayo, sino varias, fragmentadas -tal como corresponde a una Nación dividida-, puesto que la Nación no existe. En efecto, la Idea de Nación (una idea oriunda de las revoluciones burguesas) es la de una sociedad de hombres libres e iguales, fraternamente asociados, en la que no existe privilegio alguno sino sólo derechos para todos.

Por una parte, estarán los estridentes y disonantes “festejos” estatales y gubernamentales de los de arriba, ya que progresivamente estos “festejos” se han ido volviendo decididamente ceremonias burocráticas del Gobierno y del Estado de clase; no ya las festividades del Pueblo de la Nación, no ya las otrora llamadas fiestas mayas. Los expatriados de la Patria, es decir, de la libertad, la igualdad y la dicha, no festejan ya su nacimiento; los expoliados no tienen Patria, por eso no usan más “la escarapela patriota” que repartieran otrora los chisperos de la Legión Infernal.

En la porteña Avenida 9 de Julio, se consumarán los facciosos festejos de los príncipes, sus vasallos y el besamanos de sus fieles cortesanos, de los cortesanos creyentes y de los hipócritas, que con circenses espectáculos cantabiles (contradictorios con el espíritu revolucionario de las “fiestas patrias” inauguradas por la Revolución Francesa) preanunciarán el próximo Gran Espectáculo Circense del mundial de football, de ese estupefaciente -alienante y ofuscador-, que es el football para todos. Según la conocida y ahora modificada tecnología gubernamental del imperium, el célebre panem et circenses, se anuncia que habrán más circenses que panem.

Bajo el mismo rubro, en la Catedral Metropolitana se reunirá el otro polo estatal y gubernamental, el de la oposición neoconservadora de derecha, encolumnada y catalizada por el Partido de Dios, que empero no restringirá su política a este sugestivo y prometedor suceso, sino que en sus 66 diócesis (se trata de las divisiones políticas del Imperio Romano) organizará sendos “festejos” de la Revolución de Mayo, esa cuyos agentes civiles y eclesiásticos habían sido oportunamente excomulgados (recuérdese que el Papa alentaba la Santa Alianza).

Por otra parte, habrá también, no ya “festejos” (festejos farsantes), sino protestas: será el Bicentenario de la Revolución de Mayo aún pendiente, el Bicentenario de los oprimidos y los desiguales. Se lo llamará el Bicentenario de los Pobres, el de los de abajo, tal como corresponde a una nación dividida, en cuyo seno mucho más de un tercio son “pobres”, es decir, expoliados. Con ollas populares, con megáfonos y radios abiertas, denunciarán su situación, “las cuentas pendientes de la Independencia”, las deudas “sociales” y sobre todo el uso faccioso del dinero de los contribuyentes al fisco, que obviamente no es el dinero del Gobierno.

En fin, estará -brillando por su ausencia- el Bicentenario de los ignorantes, de los que “no se ilustran”[1], de los que ignoran lo que debieran saber y saben lo que debieran ignorar, los que ignoran el sentido de las Ideas de Mayo (Ideas e Ideales de la Revolución) y los que ignoran el sentido libertario de la Revolución de Mayo. Hay que hacer notar que esta ignorancia es atizada con obstinado ardor por el propio Gobierno. En efecto, por doquier se habla del Bicentenario, pero en general se calla que se trata del Bicentenario de la Revolución (se quiere hacer olvidar que todos los Estados modernos tienen su origen en la Revolución). Ésta es la memoria que se quiere embotar; algo que ni Mitre ni los auténticos liberales jamás se animaron a perpetrar. Más allá de la discusión estrictamente historiográfica, existió y existe la voluntad de inscribir al mito fundacional de Mayo y a las Ideas de Mayo en la continuidad de las revoluciones democrático-burguesas, que se iniciaron con las revoluciones inglesas (1648 y 1688), continuaron con la Norteamericana (1776), culminaron en la Francesa (1789) y se ramificaron en América Latina durante el siglo XIX. Para una Idea de la Historia Universal, cuyo proceso se encuentra motivado por el desarrollo y la realización de la Libertad (o de la Idea de Libertad), el proyecto burgués de la Revolución de Mayo (la lucha contra el monopolio español, la libre circulación de las mercancías, el capitalismo mercantil y de los fisiócratas, etc.) ha ido a parar al hecho histórico-universal más significativo de nuestro tiempo: la continuidad de la quiebra en cadena de los bancos en 2008 y la contagiosa quiebra de los Estados Nacionales en 2010, cuyo pronóstico, como es sabido, es reservado.

En cuanto al otro aspecto de la revolución democrático-burguesa, el democrático, las Ideas y los Ideales de Mayo se encuentran todavía pendientes de su realización histórica, a pesar del desesperado espíritu de la época (Zeitgeist). Las Ideas de Mayo, los Ideales de Mayo, las voces de Mayo, los exempla vitae de Mayo, provocan escarnios a todos los contemporáneos que rememoran la Revolución con la intención de realimentar su proyecto inacabado y se dejan interpelar por las orgullosas voces fundacionales de la Patria que dicen: Se levanta a la faz de la Tierra / Una nueva y gloriosa Nación (…); y exhortan: ¡Oíd, mortales, el grito sagrado / Libertad, Libertad, Libertad! (…); y, en fin, proclaman: Ved en trono a la noble Igualdad.


[1] “(…) si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tirano, sin destruir la tiranía.” (Mariano Moreno).

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